Por Daniel Guzmán, de la redacción de el diario del Fin del Mundo
El 20 de junio de 1820 no fue un día más en Buenos Aires. En plena guerra civil, la ciudad tuvo ese día tres gobernadores y, sin que nadie lo notara, a la edad de 50 años moría Manuel Belgrano. Alcanzó a decir unas últimas palabras: “Yo espero que los buenos ciudadanos de esta tierra trabajen para remediar sus desgracias. Ay Patria Mía”.
Solo un periódico de Buenos Aires, El Despertador Telegráfico, se ocupó de informar sobre su muerte. Decía la publicación: “Es un deshonor a nuestro suelo, es una ingratitud que clama el cielo, el triste funeral, pobre y sombrío, que se hizo en una Iglesia junto al río, al ciudadano ilustre General Manuel Belgrano”. Ni La Gaceta, que era el periódico oficial, ni El Argos, dieron cuenta de su muerte. Para ellos no fue noticia.
El 20 de junio de 1820 no fue un día más en Buenos Aires. En plena guerra civil, la ciudad tuvo ese día tres gobernadores y, sin que nadie lo notara, a la edad de 50 años moría Manuel Belgrano. Alcanzó a decir unas últimas palabras: “Yo espero que los buenos ciudadanos de esta tierra trabajen para remediar sus desgracias. Ay Patria Mía”.
Solo un periódico de Buenos Aires, El Despertador Telegráfico, se ocupó de informar sobre su muerte. Decía la publicación: “Es un deshonor a nuestro suelo, es una ingratitud que clama el cielo, el triste funeral, pobre y sombrío, que se hizo en una Iglesia junto al río, al ciudadano ilustre General Manuel Belgrano”. Ni La Gaceta, que era el periódico oficial, ni El Argos, dieron cuenta de su muerte. Para ellos no fue noticia.



