El acuerdo paritario al que arribó rápidamente con
el sector empresario -apenas dos horas de reunión-, y su paradójica definición
de que “los salarios han pasado a un segundo plano”, demuestran que la
argumentación puramente sindical no se sostiene, y que debe analizarse el
trasfondo político de una medida de fuerza que obró como un búmeran sobre su
sector, con un malhumor social que condenó rápidamente la protesta.
Si la apuesta de Moyano era poner contra las
cuerdas al Gobierno parece haber fracasado. Mostrando rápidos reflejos
políticos y dejando en claro por qué el 54,11% de los argentinos la eligió para
guiar los destinos del país, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner
coordinó primero desde el exterior las respuestas del Gobierno y, finalmente,
retornó desde Brasil para ponerse al frente de sus funcionarios.
Cristina obró con firmeza ante un gremio que
desacató la conciliación obligatoria. Dispuso las sanciones económicas y
legales pertinentes -incluida la denuncia penal radicada por el ministro del
Interior y Transporte, Florencio Randazzo, contra la conducción del sindicato-,
y resolvió la amenaza del desabastecimiento de combustibles.
Y todo sin claudicar en una de las premisas básicas
planteadas por Néstor Kirchner al asumir el Gobierno en 2003, esto es, sin
criminalizar la protesta social. No hay un solo dirigente ni militante camionero
preso, golpeado por fuerzas de seguridad, o con algún tipo de derechos
conculcados, pese a haber actuado al margen de la legislación.
Para Moyano, en cambio, la cosecha parece haber
sido magra. El paro de la semana próxima fue anunciado en una CGT sin gremios
con peso sindical y con apenas un puñado de sindicatos que ni siquiera
ratificaron su adhesión a la medida de fuerza y movilización, salvo en contados
casos como Dragado y Balizamiento o Canillitas, de escaso índice de afiliados.
El mayor logro del camionero, de dudoso rédito
político, fue sentar en la cabecera de la mesa a Gerardo “Momo” Venegas,
titular del gremio del personal rural UATRE, dirigente cercano a la dirigencia
del campo y ladero de Eduardo Duhalde en los comicios de octubre último, en los
que el ex presidente interino apenas obtuvo un 5,98 por ciento de adhesión
popular.
Por el contrario, el Gobierno obtuvo el apoyo del
conjunto de los gobernadores y delPartido Justicialista, además del rechazo
explícito del titular de la CTA, Hugo Yasky (“nadie nos convoca a un paro por
televisión”, dijo-, a participar del paro y movilización del miércoles próximo.
No fue el único en pronunciarse. El titular del
poderoso sindicato mecánico SMATA, Ricardo Pignanelli, dijo que este tipo de
medidas "no hace bien a nadie" y que "hay que apoyar el modelo
ahora más que nunca", mientras el ferroviario Mario Rodríguez advirtió que
su gremio no adherirá al paro y habrá trenes el día de la protesta.
En realidad, la Unión Ferroviaria junto a los otros
gremios de ese sector y la UTA, que nuclea a los choferes de colectivos, ya se
habían alejado de Moyano y de la Confederación Argentina de Trabajadores del
Transporte (CATT), dejandolo en soledad. La UTA se encolumna hoy en el
denominado sector independiente y nadie espera que paren el miércoles.
Incluso el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, el
último dirigente de peso del PJ en fotografiarse junto a Moyano hace pocas
semanas, pidió al camionero “responsabilidad y prudencia”, y que los reclamos
se canalicen “a través del diálogo", muy lejos de la dureza de Pablo
Moyano y otros dirigentes camioneros.
Dejando de lado sus afirmaciones del pasado
reciente, acerca de que “Clarín miente”, Moyano anunció paro general desde las
pantallas de TN, pero no pudo sostener la medida de fuerza.
Buscando pegar en un punto débil para la sociedad
como el combustible, Moyano hizo blanco en cambio en un tema sensible para los
40 millones de argentinos como YPF, cuya reciente nacionalización contó con la
adhesión de amplísimos sectores de la sociedad.
El rechazo social se sumó a las consecuencias
legales que Moyano comprendió que debía enfrentar ante la firmeza del Gobierno.
La conciliación obligatoria desoída por la Federación de Camioneros expuso al
sindicato a sanciones económicas -4.000.000 de pesos- y judiciales.
Pero lo más significativo es el aumento salarial
conseguido. Presentado ante la opinión pública como un 25,5%, en verdad está
escalonado de forma tal que para 2012 sólo regirá un 19,5%, ya que la última
cuota se abonará con los sueldos de marzo, es decir a comienzos de abril 2013.
Más curioso todavía es comparar el resultado para
los trabajadores de ese gremio con el de otros convenios firmados por otros
sindicatos. Un trabajador de la UOCRA (Construcción) o de la UOM (Metalúrgicos)
recibirá el primer mes un 24 y un 23,5 de aumento, respectivamente, mientras
que un camionero recibirá sólo el 12% y deberá esperar a noviembre para un 7%
adicional.
La pregunta surge sola. ¿Era un conflicto por
salarios o tenía una intención política embozada? La afirmación del propio
Moyano sobre que el acuerdo salarial quedaba en un “segundo plano”, releva de
todo comentario.
Roberto Lago - TELAM
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